21/3/05

El doctorado terrorista de El Tunecino

El estudiante Serhane Ben Abdelmajid, considerado uno de los coordinadores del 11-M, se radicalizó en 2001 tras mezclarse con un supuesto jefe de Al Qaeda para Europa

26-04-05 - Jorge A. Rodríguez (El PAÍS)

Parecía un buen chico. Callado, estudioso, de buenas maneras, muy pío. Serhane Ben Abdelmajid Fakhet, nacido el 10 de julio de 1968 en Túnez, daba el perfil de un empollón. No en vano disfrutaba desde 1994 de una beca de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) para doctorarse en Económicas en la Universidad Autónoma de Madrid. Pero un buen día, allá por 2001, antes incluso del 11-S, se cruzó en su camino un tal Amer el Azizi, Otman el Andalusí, recién llegado de un campo de adiestramiento en Afganistán. Ya no volvió a ser el mismo. Había empezado a forjarse un terrorista, un asesino de 191 personas en cuatro trenes de Madrid. Las declaraciones de testigos y detenidos, recogidas en los 35 tomos y cuatro piezas separadas enviadas por el juez Juan del Olmo al Congreso, permiten dibujar el perfil, la vida en España, del que se considera uno de los cabecillas del comando del 11-M. Fue jefe poco a poco.

Serhane, conocido ya como El Tunecino, llegó a España allá por 1994. Casi siempre vestía de oscuro, era barbilampiño y solía mirar de frente, con los ojos muy abiertos. Comenzó a frecuentar la mezquita central de la M-30 de Madrid, donde quienes le conocieron por entonces decían que era un religioso moderado y tolerante.

El joven estudiante (entonces tenía 26 años) fijó su residencia en la calle de la Pimienta, en Tres Cantos, muy cerca de la Universidad Autónoma. Tenía posibles, porque la beca de la AECI (por la que cobró 30.000 euros entre 1994 y 1998), combinada con la posibilidad de vivir en régimen de pensión completa en residencias universitarias, le aliviaban de buscarse la vida. Tiempo después se mudó a la avenida de Brasilia, ya en Madrid, desde donde a veces iba caminando al metro de Nuevos Ministerios para tomar el tren hacia la facultad. O para acudir a clases en la Escuela Oficial de Idiomas.

No duró mucho allí porque al cabo de un año se fue a una casa en la calle de Mauricio Legendre. Los vecinos solían verle con una mujer de nacionalidad francesa que lo llevaba a veces a casa en un Volvo. La misma mujer que le ayudó a mudarse a su penúltima morada, en el número 41 de la calle de Francisco Remiro. El Tunecino presentó todo tipo de avales cuando fue a firmar el contrato, el 3 de septiembre de 1998, a razón de 55.000 pesetas (330 euros) al mes. Mostró su tarjeta de estudiante, la de becado de la AECI y un documento que certificaba, el 21 de julio de 1998, que era auxiliar contable en el Centro Cultural Islámico.

Para entonces, El Tunecino ya había estado bajo la lupa de la Comisaría General de Información. Lo habían visto e incluso filmado en varias ocasiones desde 1996, merodeando con radicales como Eddin Emin Barakat Yarkas, Abu Dah Dah. Hasta 2001, se consideraba que el joven estudiante, siempre pulcramente vestido, tenía "perfil bajo". El perfil se fue elevando a partir de 2001, según cuenta Khalid Zemini Pardo, preso por el 11-M. "Al principio era religioso pero no hablaba de yihad, pero a raíz de contactar con Amer el Azizi cambió de planteamiento y comenzó a tener pensamiento de Yihad, a comienzos de 2001, incluso antes de los atentados de septiembre en Estados Unidos".

Azizi, de nacionalidad marroquí, había pasado una temporada en campos de entrenamiento en Bosnia y Afganistán, de forma que cuando vino se convirtió en una celebridad entre un grupo de jóvenes de Lavapiés. Azizi veía con muy malos ojos al imán moderado de la mezquita de la M-30, Cheij Munir, al que llegaba a calificar de "espía". Ya en junio de 2000 había arremetido contra el imán, cuando acudieron a la mezquita de la M-30 los embajadores árabes en Madrid para rezar la oración del muerto por Hafez al Asad, fallecido presidente sirio. "Para qué venís a hacer la oración del muerto a un incrédulo", les gritó.

El Tunecino se pegó al pensamiento de Azizi, hasta el punto de dejar de acudir a la mezquita de la M-30. Iba a la de Alonso Cano o a otra del barrio de Lavapiés, conocida como la de los paquistaníes. Serhane empezó a convocar reuniones en su casa, donde mostraba vídeos sobre "el sufrimiento de los musulmanes" o repartía textos originales de Osama Bin Laden. Reunió a su alrededor a radicales de Abu Dah Dad y de Azizi, de forma que cuando el primero fue detenido y el segundo huyó a Francia, la célula quedó agrupada en torno a él.

El Tunecino renovó su permiso de trabajo el 14 de marzo de 2003 y, al mes siguiente, tuvo una entrevista de trabajo en la inmobiliaria Arkonsa de la calle de Almansa. Debió gustar, porque el 2 de junio firmó un contrato de trabajo, por el que ganaría 600 euros al mes, más un 10% de comisiones.

No lo hizo nada mal. Entre junio y el 16 de octubre de 2003 vendió cinco pisos y captó otros 26. Pero ya tenía otra cosa en la cabeza. A primeros de 2003, los servicios de espionaje turcos lo detectaron en el país junto a Azizi, ya un jefecillo de Al Qaeda en Europa. La policía sospecha que El Tunecino le contó sus planes y que Azizi le dio el plácet de Al Qaeda para atentar en España, para combatir en favor de la yihad iraquí.

En octubre, su actitud cambió. Serhane ya estaba casado con una joven de 18 años, hermana de Mustafá Maimouni (preso en Marruecos por el atentado de Casablanca), y convivía con Toni Radev Milenov, un búlgaro radical islamista, y Sanel Sjerika, un joven estudiante bosnio. Por la oficina apenas iba 15 minutos al día y no volvió a hacer una sola venta.

Estaba a otra cosa. En verano ya había mostrado su intención de atentar en España, de matar a policías, de asaltar comisarías, de hacer algo grande. Lo contó Zeimi Pardo en abril de 2004: "Hace seis o siete meses me preguntó si quería trabajar en la religión de Alá (...). Entendí que se refería a hacer la yihad en Irak, ya que Serhane era muy recurrente en ese tema". Pasaba las horas con "los hermanos" de Lavapiés, con Jamal Ahmidan, el Chino; los hermanos Oulad Akcha, Abdennabi Kounjaa (suicidas de Leganés), Abderrahim Zbakh, Jamal Zougam... Todos supuestos autores de los atentados.

Su mujer se marchó de la casa. El 8 de marzo, preocupado porque no le había pagado la mensualidad de febrero y se retrasaba en la de marzo, el dueño del piso aporreó la puerta. Nadie abrió. Había una casucha en Chinchón, recién alquilada por El Tunecino para el Chino. La guarida de los terroristas.