16/4/06

El juez Del Olmo se basa en once informes policiales para desvincular a ETA del 11-M

El magistrado constata que la última vez que ETA empleó goma-2 fue en 1996, y que en 2002 había almacenado 2.500 kilos de dinamita y no tenía por qué recurrir a la trama asturiana del 11-M

17-04-06 - D. Martínez / N. Colli (ABC)

El juez Juan del Olmo se ha basado en once informes de la Comisaría General de Información- la mayoría con anexos- para desvincular a ETA de la célula islamista del 11-M y de la trama asturiana que facilitó la dinamita goma-2. En uno de ellos se llega a calificar de «ridículo» suponer que ETA tuviera la necesidad de abastecerse en la red que dirigía Trashorras, por cuanto en 2002 la banda tenía almacenados, según estimaciones de las Fuerzas de Seguridad, entre 2.000 y 2.500 kilogramos de dinamita Tytadine. Los investigadores sólo encuentran un punto en común: la campaña de las elecciones generales de 2004, ya que los etarras y los islamistas, como cualquier banda terrorista, siempre buscan cometer sus atentados en periodos en los que tienen asegurada la notoriedad.


Las dos «caravanas de la muerte»

Del Olmo mantiene bajo secreto los once informes policiales y no los ha incluido en el auto de procesamiento por no haber encontrado durante los dos últimos años de investigación ningún dato que vincule a los imputados con ETA. Durante este tiempo, uno de los episodios que han marcado la contienda política es la coincidencia de que dos vehículos cargados con explosivos -el conducido por el islamista Jamal Ahmidan y el de los etarras Gorka Vidal Álvaro e Irkus Badillo - tuvieran el 29 de febrero de 2004 el mismo objetivo: Madrid. Este paralelismo ha sido utilizado de forma reiterada por aquellos que aún creen que no se ha investigado lo suficiente para descartar la mano de ETA en el 11-M.

Los informes de la Comisaría General de Información que están en poder del juez recogen de forma exhaustiva cada uno de los pasos que han dado los investigadores en la búsqueda de «puntos de colaboración». De momento, no se ha encontrado ninguno y las coincidencias detectadas se consideran un «mero azar». El estudio sobre las dos «caravanas de la muerte», después de detallar los pasos que siguieron los vehículos y sus ocupantes, expone cinco conclusiones que desvinculan por completo a una de la otra. La primera destaca que los vehículos transportaban explosivos completamente diferentes. El de ETA llevaba 506 kilogramos de cloratita de fabricación propia, y el de los islamistas, unos 200 kilogramos de goma-2 sustraída en la mina Conchita, en Asturias. Ambas sustancias fueron analizadas por los especialistas en desactivación de explosivos de la Policía y la Guardia Civil, que no hallaron ninguna analogía en la naturaleza y el origen del material.


Atentar hacia las elecciones de 2004

En segundo lugar, el informe policial detalla las sustanciales diferencias en el «modus operandi». Así, precisa que el vehículo utilizado por los etarras del «comando Gaztelu» -el Renault Trafic matrícula 4887 ND 23- fue sustraído el 27 de noviembre de 2003 en Vallniers (Francia) y los etarras le colocaron unas placas falsas con la numeración de un camión matriculado en San Sebastián. La fecha del robo confirma, según el informe policial, que los etarras planearon con tres meses de antelación cometer un atentado en Madrid con motivo de las elecciones generales de 2004. Pero fue en la mañana del 28 de febrero de 2004 cuando los miembros del «comando» se trasladaron al sur de Francia, donde otro miembro de ETA les hizo entrega de la furgoneta bomba, que ya estaba preparada, a falta de conectar los temporizadores. Para realizar esta operación, Gorka Vidal e Irkus Badillo llevaban escritas en un papel las instrucciones.

Esta «caravana de la muerte», integrada por la Renault Trafic y un monovolumen que hacía las veces de «lanzadera», fue interceptada a las 00:40 horas de la madrugada del 29 de febrero de 2004 por la Guardia Civil en las proximidades de Cañaveras (Cuenca).

Para los investigadores, y así lo recogen sus informes, este procedimiento no tiene nada que ver con el seguido para los atentados del 11-M, pese a que también el 29 de febrero de 2004 los islamistas Jamal Ahmidan «El Chino», Adennabi Kounjaa y Mohamed Oulad Akcha, autores de la matanza, partieron desde Tineo (Asturias) a Madrid tras haberse abastecido el día anterior en la mina Conchita de la goma-2. Para ello utilizaron dos vehículos, un Golf de color negro -que, al parecer, transportaba la dinamita y que ocupaban Kounjaa y Oulad- y un Toyota Corolla -con placas falsas y sustraído en Madrid el 18 de septiembre de 2003- conducido por «El Chino».


Dos formas de actuar distintas

Los investigadores creen que se trata de dos formas de actuar diferentes. Y hacen hincapié en que los islamistas pactaron la compra del explosivo con unos delincuentes comunes a través de Rafa Zuhier, pero los etarras Vidal y Badillo sólo mantuvieron contactos con miembros de su propia organización.

También precisa el informe que gracias a las investigaciones sobre los teléfonos móviles que portaban los integrantes de ambas caravanas se puede determinar que las dos células no estuvieron en contacto durante el viaje a Madrid ni en los días previos. Igualmente, destaca que los dos grupos terroristas tenían objetivos completamente diferentes. Subraya, en este sentido, que la intención de las etarras que transportaban la bomba de 506 kilogramos de cloratita era «crear pánico» -así lo declararon los terroristas al ser detenidos-, mientras que el propósito de los islamistas, como quedó de manifiesto, era «destructivo».


Cerca de casa de Trashorras

También de «puro azar» son consideradas las coincidencias que se dan en otro caso que, como el anterior, ha centrado el enfrentamiento político: el robo de un coche llevado a cabo por ETA en un lugar muy próximo a la casa del ya procesado José Emilio Suárez Trashorras en Avilés. El turismo fue luego utilizado por el «comando Egoitz eta Hodei» para atentar en el aparcamiento de la calle Alfonso XIII de Santander el 3 de diciembre de 2002. El informe policial se basa en la declaración del etarra, Jesús María Echevarría Goiricotxea -detenido el 17 de diciembre de 2002- para reconstruir los pasos que del grupo criminal desde que cruzó la frontera de Francia el 23 de noviembre de 2002. Tras pasar por Bilbao, Castro Urdiales, Laredo, Santander, Oviedo, vuelta a Santander y Torrelavega, llegaron a Avilés el 1 de diciembre y en la madrugada del día 2 sustrajeron el R-19 matrícula 0-1149-AW, al que de inmediato cambiaron la placa por la S-2701-Y, que correspondía a otro Renault del mismo modelo.

En el coche robado, los etarras se trasladaron a Solares (Cantabria), donde tenían escondido el explosivo y prepararon el coche bomba. Seguidamente, se dirigieron al objetivo del atentado. Sobre esta acción terrorista, el análisis de los Tedax no aporta una información clara respecto al tipo de explosivo utilizado, debido a que las muestras recogidas fueron escasas. No obstante, precisa con términos rotundos que no se trataba de Goma-2.


ETA no contaba con ayuda externa

Además, hay otros dos datos que avalan que ETA no contó con ayuda externa para la comisión de este atentado. Uno, que la bomba llevaba un temporizador de los que tradicionalmente fabrica ETA, y en segundo lugar la declaración de Echevarría. Cuando fue detenido, el etarra confesó que la entrega del explosivo, el 30 de noviembre de 2002 en un descampado próximo a Solares (Cantabria), «había sido previamente marcada desde Francia».

Sobre este caso, el informe que tiene en su poder el juez precisa que fueron motivos de seguridad, y no la búsqueda de contactos, los que llevaron a los miembros del «comando Egoitz eta Hodei» a Avilés. Asimismo, señala que la dirección etarra tiene asignadas al «aparato de logística» las labores de abastecimiento de explosivos y armas, y que nunca este cometido, también por razones de seguridad, lo ha dejado en manos de delincuentes comunes como era Trashorras. Actuar de forma distinta incrementaría su vulnerabilidad y la banda tiene ya más de cuarenta años de existencia.

Además del robo cometido por ETA cerca de la casa del ex minero, en este caso hay una segunda coincidencia: Jesús María Echevarría Goiricotxea estuvo internado en la misma cárcel que Rafa Zuhier, el marroquí que puso en contacto a los islamistas con la trama asturiana. Durante el tiempo que el etarra estuvo en la prisión de Villabona (Asturias) -entre los años 1998 y 2000- coincidió tres meses con Zuhier. El informe, basándose entre otros elementos en los conocimientos acumulados en los muchos años de lucha contra ETA, considera «poco probable» que entre los dos reclusos se abordara una operación de compraventa de explosivos, por cuanto la banda desde siempre tiene asignada esta actividad a su «aparato de logística».

El informe de la Comisaría General de Información señala además que ETA no necesitaba de la colaboración externa, ya que en el año 2002 contaba con unas «reservas» de entre 2.000 y 2.500 kilogramos de dinamita Tytadine procedente, entre otros, de los robos en Plevin y Grenoble. A ello añade que en los últimos años ha cubierto sus carencias con cloratita, sustancia que fabrica ella misma. Otro hecho que demuestra que ETA elige sus propias fuentes de abastecimiento son los 4.500 kilogramos de clorato sódico que robó en abril de 2005 en la sociedad de productos químicos de Quadripack, en la región de Poitiers.

Y entre el aluvión de datos recogidos, investigados y plasmados por la Policía en los informes que ha enviado al juez hay una fecha significativa: 12 de junio de 1996. Fue la última vez que la banda utilizó Goma-2 para cometer un atentado. Cien gramos de esta sustancia, escondidos en un libro bomba, tuvieron por destinatario a José Antonio Jiménez Alfaro Giralt, por entonces presidente de la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional.


Del Burgo afirma que el juez del 11-M no investigó a ETA porque la policía le entretuvo

17-04-06 - EFE

El portavoz del PP en la comisión del 11-M, Jaime Ignacio del Burgo, afirmó ayer que el juez Juan del Olmo no profundizó en la investigación de los atentados del 11-M y en la posible conexión con ETA porque la policía lo "entretuvo" con detenidos que no tenían nada que ver con la matanza. Del Burgo aseguró que el arresto de 120 personas, de las que 29 han sido procesadas, evidencia "la magnitud de la chapuza policial" en la investigación. El diputado popular opinó que a Del Olmo "lo aplastaron" con tantos detenidos y le hicieron emplear "buena parte de su tiempo" con "toda esta gente" sin relación con los atentados.

"Quizá, llevados de su buena voluntad, las fuerzas policiales le entretuvieron al juez en asuntos que, desde luego, no tenían absolutamente nada que ver", insistió. Del Burgo calificó de "temerario" que se descarte cualquier conexión con ETA.